De que me sirve tantas promesas, si no podemos sostenernos en pie, cuando vamos a comenzar a escribir. Con unas cuantas botellas de cerveza en frente y siempre vamos a recodar todas aquellas veces que caímos y aumentando las recientes. Sé que lo dijimos, que jamás volveríamos a abandonar, pero no sabemos hacer otra cosa… que hacerlo, que intentar escapar, metiéndonos siempre que podamos en la parte más profunda, más oscura… de la vida, o de los que de ella nos queda, hay aún muchas tierras que recorrer y aún hay más por tropezar y es que yo no estoy aquí para salir airoso de nada, ni estoy aquí para enseñar, pero siempre habrá una botella de cerveza y siempre habrá tormentas en el cielo. No podemos evitar romper nuestros intentos, ni el árbol se salva del relámpago, estamos acabados.
Yo y un grupo de amigos que jamás vamos a hacer algo más que amar la tarde que se convierte en noche y seguimos dándole en el camino a ninguna parte, cuando me preguntaron cuál era mi plan de vida, no supe que responder, tampoco lo sé hoy, pero… puedo sentarme contigo y podemos recordar las veces que lo intentamos, podemos ver al viento bailar con la rama solitaria del árbol y jamás vamos a estar lejos de la casa, porque… no tenemos una, tenemos tiempo para amar, tenemos tiempo para escribir y tenemos tiempo, siempre, para regresar a la batalla.