Rosario, sus delicados senos, su amable sonrisa, su interminable paciencia, su total incapacidad para cocinar, sus ganas de llevarme a conocer a sus padres, sus ganas… de mí. Todo eso no fue suficiente. Quiero creer que eso ha pasado a la inversa, que todo lo que he dado no ha sido suficiente, quizás sí, eso ha pasado si hago memoria y me tomo tres wiskis, recuerdo algunas mujeres para las que todo era muy poco o no suficiente y eso paso con Rosario, aunque eso no impedirá verla en adelante como mi perdida preferida, no la única, sino una más, todas andando entre mi cabeza, mi pecho y mi olvido, en ocasiones cuando camino por la calle recuerdo a Rosario, me pregunto porque me alegro que se fuera cuando se fue, entonces también recuerdo que había algo en su nobleza que no encajaba, no encontraba emoción al verla entrar, no encontraba emoción al esperar ni al recibir mensaje suyo, nunca me dieron ganas de marcarle por teléfono, eso no era ciertamente amor sino un intento de encontrar algo que tanto has buscado, que te ha insistido en las noches solitarias, en las noches de silencio, en las que no hay nadie en cama para encontrar la madrugada, pero no era con ella con la que quería eso, probablemente no era con alguien, probablemente no exista nadie para nadie, pero algunos tienen más esperanza, más paciencia, más dedicación y hemos otros que solo estamos para ser cazados como animales desesperados por la libertad, aquí estamos con nuestras perdidas preferidas, pero sobre todo, con nuestra adorada libertad.
martes, 28 de febrero de 2017
Mi perdida preferida
Rosario siempre fue mi perdida preferida, quizá porque era lo más cercano a la perfección, no solo tenía esos… finos senos que culminaban con el botón delicado de su absoluto pudor, no era solo eso, era más, era su paciencia y su mirada… sobre todo su mirada que buscaba en mí una esperanza que al final no resulto, pero no por eso dejaba de buscar, ella en mi con toda su paciencia, con toda su virtud y con todas las ganas con las que se entregó a mí para despedazarse, ella lo sabía pero tenía la esperanza de que no fuera así, por supuesto que lo fue, no la engañaba aquel instinto que escondía bajo las noches solitarias en las que no le marcaba y pasaban uno, dos y cinco días, y luego la cosa aquella del amor parecía que podía funcionar, incluso yo lo llegue a pensar, como si en el amor uno mandara y no fuera un títere en el que nada está en nuestras manos y ella, Rosario, pensaba que íbamos a estar juntos que era buena idea, pero se intentaba, como se intenta ganar en partidas de ajedrez cuando tienes todo perdido, pero no te das por vencido o cuando tienes el pecho duro y estas contra las cuerdas en un combate de box, así, así era ella, una buena peleadora, pero destinada al fracaso con sus mejores intentos… pobre Rosario. Al tiempo se convirtió en mi perdida preferida, la que recuerdo con más nostalgia, claro a habido más nostalgias que me asaltan en las noches, en las lluvias y en cada trago de wiski, algunas de ellas me conmueven y me hacen sentir mal, yo el que siempre abandona, pero por más que haya intentos, lo mío son las huidas, aunque sé que eso terminara en algún momento, quizá con la muerte o con la certeza de un amor, que es una forma de morir, pero ello es otra cosa, algo diferente a Rosario que es mi perdida preferida, por sus intentos, por su necedad de amor, por creer en la gente rota, por siempre, por estar siempre y entregar más de lo debido, quizá deba ser por eso que conocí a Rosario, para saber que no hay que entregarse más de lo debido o entregarse poco, hasta que el tiempo nos escape de entre los dedos, juntos con el suelo o la tierra de la tumba, andando en el ataúd del que no valdremos, para no despertar.
Rosario, sus delicados senos, su amable sonrisa, su interminable paciencia, su total incapacidad para cocinar, sus ganas de llevarme a conocer a sus padres, sus ganas… de mí. Todo eso no fue suficiente. Quiero creer que eso ha pasado a la inversa, que todo lo que he dado no ha sido suficiente, quizás sí, eso ha pasado si hago memoria y me tomo tres wiskis, recuerdo algunas mujeres para las que todo era muy poco o no suficiente y eso paso con Rosario, aunque eso no impedirá verla en adelante como mi perdida preferida, no la única, sino una más, todas andando entre mi cabeza, mi pecho y mi olvido, en ocasiones cuando camino por la calle recuerdo a Rosario, me pregunto porque me alegro que se fuera cuando se fue, entonces también recuerdo que había algo en su nobleza que no encajaba, no encontraba emoción al verla entrar, no encontraba emoción al esperar ni al recibir mensaje suyo, nunca me dieron ganas de marcarle por teléfono, eso no era ciertamente amor sino un intento de encontrar algo que tanto has buscado, que te ha insistido en las noches solitarias, en las noches de silencio, en las que no hay nadie en cama para encontrar la madrugada, pero no era con ella con la que quería eso, probablemente no era con alguien, probablemente no exista nadie para nadie, pero algunos tienen más esperanza, más paciencia, más dedicación y hemos otros que solo estamos para ser cazados como animales desesperados por la libertad, aquí estamos con nuestras perdidas preferidas, pero sobre todo, con nuestra adorada libertad.
Rosario, sus delicados senos, su amable sonrisa, su interminable paciencia, su total incapacidad para cocinar, sus ganas de llevarme a conocer a sus padres, sus ganas… de mí. Todo eso no fue suficiente. Quiero creer que eso ha pasado a la inversa, que todo lo que he dado no ha sido suficiente, quizás sí, eso ha pasado si hago memoria y me tomo tres wiskis, recuerdo algunas mujeres para las que todo era muy poco o no suficiente y eso paso con Rosario, aunque eso no impedirá verla en adelante como mi perdida preferida, no la única, sino una más, todas andando entre mi cabeza, mi pecho y mi olvido, en ocasiones cuando camino por la calle recuerdo a Rosario, me pregunto porque me alegro que se fuera cuando se fue, entonces también recuerdo que había algo en su nobleza que no encajaba, no encontraba emoción al verla entrar, no encontraba emoción al esperar ni al recibir mensaje suyo, nunca me dieron ganas de marcarle por teléfono, eso no era ciertamente amor sino un intento de encontrar algo que tanto has buscado, que te ha insistido en las noches solitarias, en las noches de silencio, en las que no hay nadie en cama para encontrar la madrugada, pero no era con ella con la que quería eso, probablemente no era con alguien, probablemente no exista nadie para nadie, pero algunos tienen más esperanza, más paciencia, más dedicación y hemos otros que solo estamos para ser cazados como animales desesperados por la libertad, aquí estamos con nuestras perdidas preferidas, pero sobre todo, con nuestra adorada libertad.
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